Seguidores

Mostrando entradas con la etiqueta BESTIAS BIPEDAS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta BESTIAS BIPEDAS. Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de abril de 2011

BESTIAS BÍPEDAS

 Este artículo es de Rosa Lencero, amiga mia , una gran escritora Extremeña por mas señas y que tiene unos libros maravillosos. os lo dejo aqui para que lo leais y vereis que es una delicia hacerlo.
 
 
Mi infancia son los galgos del patio de mi abuelo. Estampas inolvidables de nobles lebreles elegantes, de patas largas, ligeras como el viento. Fieles compañeros, incluso en la pintura española desde el pre-románico, pasando por Velázquez, Goya o Julio Romero de Torres, hasta Carmen Ossorio, pintora gallega de galgos de ojos almendrados; de casta le vendrá defender la inocencia del galgo.
Cuando el lebrel no sirve para cazar se le ahorca. Cuando su dentadura se cae a cachos, atiborrados de glucosa para correr en los canódromos o cualquier carrera, se les atraviesa un palo en la boca para matarlos de hambre. ¡Qué lejanos aquellos tanganillos de madera que mi abuelo ponía a sus galgos durante la veda! La atrocidad de las bestias bípedas no tienen límites: cuando el animal no produce lo tira al pozo sin compasión, envenena, tortura, descuartiza con complacencia sanguinaria. La agonía se convierte en fiesta para estas bestias pardas de dos patas que no merecen ser llamados hombres. Dejan el rastro repugnante en Internet en fotos espeluznantes, se jactan borrachos de risotadas tan grotescas que ni Goya los hubiera retratado en sus Pinturas Negras, pero sí una cabecita intrigante de perro hundida en la arena, con una mirada de lástima hacia lo altísimo de una roca, muy lúgubre y triste, humanizada en una de las paredes de la Quinta del Sordo, entre los aquelarres y el tremendismo de las pinturas.
No menos doloroso es el animal capricho: el pollito al que se le descuartizan infantilmente las alas, cachorritos que no hacen gracia al crecer y acaban en la cuneta, el lindo gato que araña la tapicería y sale disparado por la ventana o el animal exótico como las iguanas, tan de moda en un tiempo, que se abandonan y convierten en especies invasivas en nuestro ecosistema. Doloroso. Intolerable. Si no se sabe convivir con animales es mejor disfrutarlos de lejos o ver documentales.
Hace diez años que conozco a Jacky, un miembro más de mi familia. Un yorkshire inteligente, con mucha personalidad. Sus ojos son carbones encendidos de dulzura y el botoncito azabache de su nariz un respingo de genio. Su cariño es sincero y la felicidad es algarabía de rabo. ¿Cómo se puede herir a un ser vivo tan cercano? ¿Acabaremos escuchando al lobo decir con bondad, 'hermano Hombre', a esas bestias bípedas que se han transmutado en alimañas?