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miércoles, 2 de marzo de 2011

Talla 46

Este artículo lo ha escrito Rosa Lencero, una compañera de trabajo de una época anterior, es un pedazo de escritora y quiero que disfruteis de lo lindo.
 
Los  fashionistas han perdonado la vida a las mujeres de talla 46. Descabezada de la lista de tallas grandes. Respiremos tranquilas, Cibeles Madrid Fashion Week ha determinado que no somos gordas y el ideal de belleza se acerca tímidamente a la realidad cotidiana. Con Victorio y Lucchino nos da un pasmo: «Es un horror que en un sitio sea la 38 y en otro la 42», hablando de una prendita cualquiera que sólo quieren ver en cuerpos huesudos. Con estos modelos, en las más jóvenes se fomentan hábitos alimentarios que rondan peligrosamente la anorexia y en las demás problemas psicológicos de no encontrar tallas unificadas. La autoestima no tiene tallaje que rompa la disyuntiva flacas/rellenitas. El etiquetado de la ropa sigue provocando caos mental y obsesión por el peso. A nadie ha interesado verdaderamente acabar con este trastorno. Una mujer parece engordar de camino de una tienda a otra tres tallas de sopetón. ¿De qué ha servido el estudio antropométrico que realizó en Ministerio de Sanidad referente a la silueta femenina? Para confeccionar 'el traje nuevo del emperador' , otra versión del cuento de Hans Christian Andersen. Estamos de acuerdo en luchar contra el 'tsunami de obesidad' (como lo bautiza una prestigiosa revista médica) que invade al castigado planeta, pero no por eso las tallas grandes deben estar en el rincón oscuro de una tienda como el agujero negro de la vergüenza. O en el extremo alejado de una calle glamurosa.
Por fin la talla 46 nos libra del oprobio que nos alejaba del street style español. Montemos un magnífico outfit mientras captamos el último trend que impera tan cool y nuestro armario lucirá un espléndido must have de lo más chic, todo lo out posible para estar siempre in. Eso sí, con toque vintage de airear de vez en cuando el ropón en desuso del idioma español, que entre tanta fashion se está quedando muy estrecho. ¿Será verdad que el inglés está pasando de moda y tendremos que adaptar los patrones al chino mandarín? Bajaremos otra talla. Seremos felices comiendo aquel flanín del país de la ilusión que por entonces sólo usaba el lenguaje de andar por casa.

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